ABORTO ESPONTANEO II

La pérdida de un embarazo es una experiencia profundamente triste y solitaria. En este grupo encontraras el apoyo, la identificación y sobre todo la comprensión que requieres.

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Así es como me ha sucedido

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1 Así es como me ha sucedido el 5/5/2009, 18:28

Chicas: vuelvo a poner este mensaje porque por alguna razón se borró... Question Misterios del internet...

Esta carta la escribí hace tiempo. La comparto con ustedes para que conozcan mi historia completa y porque todas ustedes, en este refugio que es el foro Aborto Espontáneo, han sido mi soporte para lograr poco a poco mis sueños. Sé que es larga, pero no quise acortarla porque quizá algún día se la muestre a mis hijos y quiero que sepan lo deseados y amados que fueron desde antes de nacer.

25 de noviembre de 2004

Hoy me siento eufórica. Tiene mucho tiempo que no me sentía tan bien. Y es que ayer recibí la mejor noticia que haya recibido desde hace casi tres años. Y no era precisamente la noticia de un embarazo. Era la noticia de que todo marchaba bien con nuestro bebé, ese que está en mi vientre desde hace dieciocho semanas. Los últimos quince días fueron de una zozobra infinita, de una ansiedad insoportable.

Quizá para que puedan comprender lo que digo deba contar la historia de este embarazo que para mí ha durado cerca de tres años. Después de dos años de casados, mi esposo y yo decidimos que había llegado el momento de buscar un bebé. Todo sería sencillo: dejaría de usar el DIU en enero, seguramente en marzo o abril ya estaría embarazada y para inicios de 2003 ya tendríamos un lindo bebé con nosotros. Siempre controlábamos todo en nuestras vidas, los planes nos salían muy bien. No comprendíamos que la Naturaleza tenía otra idea para nuestra familia: pasaron muchos meses de intentos, nueve para ser exactos. Yo me obsesionaba cada vez más con la idea de un bebé; cada mes estaba en la espera de un resultado positivo.

Por fin en diciembre llegó la gran noticia: ¡positivo! Cuando salí del laboratorio, ese 20 de diciembre, sentía que brillaba. Todo mundo debía notar que yo estaba embarazada. Sentía ganas de llorar, de reir, de gritar. Además, ese día era el cumpleaños de mi esposo y la noticia fue su regalo. Cuando lo supo abrió unos ojos grandes como platos y me abrazó, ¡por fin lo habíamos logrado! Pero al siguiente día comencé con sangrado y una doctora me dijo que tenía amenaza de aborto, que no me preocupara y me mandó a reposar.

Yo estaba segura de que todo saldría bien; tanto, que el día de Navidad le dimos la noticia a nuestros padres: “¡ya venía el primer nieto para ambas familias!”. La felicidad de todos fue enorme. Nunca pensé lo que sucedería; estas cosas les pasaban a los demás, no a nosotros. El 29 de diciembre no hubo nada más que hacer y tuve un aborto espontáneo. Estábamos devastados. No creo que sea necesario describir cómo me sentía a pesar de la palabras “bien intencionadas” de mucha gente: “era muy pequeñito, todavía no era un bebé”, “puedes volver a embarazarte”, “Dios sabe por qué hace las cosas...” Para mi, era mi bebé y aunque haya sido microscópico ya lo amaba. Y ahora lo extrañaba.

Ese día conocimos al médico que hasta hoy es mi ginecólogo. Después de hacerme un legrado y de aclararnos que los abortos espontáneos pueden suceder por diversas causas y que nosotros no teníamos la culpa de nada y tras cuatro meses de “descanso” nos dio luz verde para buscar otro embarazo. No lo dudamos ni un poco, convencidos de que ahora todo estaría bien. Esta vez la espera fue muy corta, ya que el primer mes quedé embarazada. Era maravilloso, me sentía confiada y casi no tenía síntomas. El 10 de mayo, al despertar para ir a festejar el Día de las Madres con mi familia, la vida nos planchó de nuevo: estaba comenzando a sangrar. No podía estar sucediendo; no otra vez. Una vez más a reposar y días después a un nuevo legrado. Nuestro segundo bebé también se había ido. No lo podíamos creer. ¿Por qué si lo deseábamos tanto, cada vez parecía más lejano, casi imposible? Sobra decir cuáles eran los sentimientos que nos invadían: dolor, rabia y una tristeza muy profunda...

Afortunadamente, nuestro médico decidió no dejar todo a la suerte y nos envió con una doctora maravillosa especializada en genética. A partir de ahí pasó un año de análisis, de explicaciones y de gastos tremendos. Me sentía como en una película de ciencia ficción ¿yo consultando a una genetista? Mientras buscábamos las causas de mis pérdidas usábamos el tiempo para sanar las heridas del alma. Lloré mucho, leí e investigué, lo hablé hasta el cansancio con quien estuviera dispuesto a escuchar. Era la única forma de curarme, de tomar fuerzas para volver a intentarlo. Al pasar algunos meses, encontramos la causa de los abortos, un padecimiento de naturaleza inmunológica; algo pasaba con mis células NK que destruían al embrión. “Con un tratamiento podemos lograrlo. Hay muchos casos de éxito”, nos dijo la doctora. Así es que tomamos valor, comencé un sencillo tratamiento con esteroides y aspirina, y en agosto de este año, comencé con muchas náuseas, un sueño incontenible y un hermoso presentimiento. Días después lo confirmé: estaba embarazada de nuevo. Hasta ahora ha sido todo una tormenta de emociones. Ver a nuestro bebé en ultrasonidos, mirar y escuchar su corazón latiendo fuerte y rápido, observarlo moverse como si bailara una danza de amor con la vida ha sido la experiencia más bella que hemos vivido.

Aún así las tormentas no pasaron rápido: una prueba de Triple Marcador indicó una alta probabilidad de un grave problema genético. Debía someterme a una amniocentesis. Tenía pánico del procedimiento y de los resultados. Oré como nunca en mi vida pidiendo que todo saliera bien. Como dije al principio de mi carta, han sido quince días tensos, de miedo y a la vez de mucha esperanza. Y ayer, por fin, recibí una maravillosa llamada: “Ya están listos los resultados y todo salió perfecto. El bebé está bien...felicidades a los tres”. Ahora no puedo dejar de acariciar mi barriga llena de vida y de hacer planes para nuestra familia. Le digo mil veces a mi bebé que es un hijo muy deseado y amado; que lo esperamos con ansias y que estará rodeado de gente que está feliz con su llegada. Ahora sé que los ángeles existen. Yo los he visto vestidos con una bata blanca, en un consultorio, dándome confianza y ánimos, hablando con la verdad. Yo sé que Dios mandó al Dr. Daniel y a la Dra. Edna para hacer posible el milagro de nuestro bebé, que en abril estará con nosotros gracias a la perseverancia, a la ciencia y a nuestro amor. Ahora, aunque mi esposo y yo sabemos la respuesta, hay un secreto para nuestras familias: ¿será niño o niña?

Bueno, pues la respuesta muchas de ustedes ya la conocen…el 8 de abril de 2005 nació mi hadita Ana Paulina: hermosa, perfecta, sana ¡y muy llorona! Un año después yo pensaba en un segundo bebé, pero las piedras en el camino no se habían acabado. En una visita de rutina al ginecólogo, me encontró un quiste de 6 cm en un ovario. Intentamos un tratamiento para deshacerlo, cosa que nunca sucedió, así es que si quería embarazarme de nuevo tendrían que operarme. Así lo hicimos y resultó que el quiste era endometriosis ¡lo que me faltaba! Entonces tuve que seguir un tratamiento de 6 meses con un supresor hormonal que me provocó una menopausia temporal con todo lo que eso implica: bochornos, mal humor, depresión, aumento de peso y deterioro de la relación de pareja…una pesadilla.
Cuando al fin terminé el tratamiento y yo creía que enseguida podría buscar otro bebé…¡sorpresa! Ahora necesitaba otra cirugía. Me habían detectado un quiste tirogloso en el cuello de nuevo iría al quirófano. Así que de nuevo a esperar…y el tiempo seguía avanzando.


Por fin en noviembre de 2007, con 36 años reinicié el tratamiento que me dio la genetista y comenzamos a buscar al nuevo bebé, esperando que la endometriosis no volviera a hacer de las suyas; así pasaron algunos meses y en abril de 2008 en medio de la tormenta que significó una cirugía a corazón abierto que le hicieron a mi papá, ¡me enteré que por fin estaba embarazada! Estaba feliz y me sentía segura y confiada. En el primer ultrasonido no se vio casi nada y fue cuando en mi mente apareció la palabra “anembriónico”, que me estuvo dando vueltas en la cabeza hasta la siguiente semana, el 16 de mayo, que me hicieron el segundo ultrasonido. “¿Estas segura de tu fecha de última regla?” fueron las palabras de la doctora que estaba haciendo el ultrasonido…la expresión de la doctora y de mi esposo me lo dijeron todo…no había nada, el embrión, mi bebé, no se había desarrollado. Lo demás es historia: le dije al doctor Daniel que no quería quirófano otra vez y me dijo que podíamos esperar a que mi cuerpo lo expulsara sólo. Así lo decidí y esperé como dos o tres semanas a que aparecieran las primeras manchas de sangre. Se me quitaron las náuseas, el dolor en los pechos, el sueño… y mis sueños de un hermanito para Ana Pau.

A partir de ese momento comencé a sangrar cada vez más hasta que acompañados de unas contracciones horribles estuve arrojando coágulos enormes cerca de una semana. Casi todo lo viví sola, el dolor físico, la tristeza, el duelo. Mis padres se recuperaban de la cirugía de mi papá y aunque sabían todo, yo no quería que se preocuparan por mi y cuando me preguntaban cómo estaba, la respuesta de mi parte siempre era “bien” y algunas evasivas. No quería angustiarlos.

Con mi esposo estaba pasando una crisis de pareja y económica muy difícil, además de que sabemos que los hombres viven el duelo distinto: él parecía que a los dos días ya no se acordaba de nada. Sólo me preguntaba en las noches que cómo seguía. Lo cierto es que la infertilidad afecta también la relación de pareja por más cuidado que se tenga en ella. Ahora, cuatro meses después, me siento más fuerte, aunque aún me cuesta ver a la gran cantidad de conocidas que están embarazadas y que tendrán a sus bebés cerca de la fecha en que nacería el mío, el 29 de diciembre de 2008.

Posiblemente el próximo año lo intentemos de nuevo, si los vientos son propicios y la naturaleza cede de nuevo y me da la oportunidad. Es increíble lo fuerte que es el instinto y el deseo de ser mamá. Gracias por leer hasta aquí, chicas...


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"El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional."

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2 Re: Así es como me ha sucedido el 5/5/2009, 23:13

Pauli,
no habia leido sobre tus anteriores AE, has sido muy fuerte.
Me conmueve mucho que hayas pasado sola cuando sucedio el AE en el 2008.. y la preocupacion al mismo tiempo de tu padre operado. Nosotras las mujeres somos mas fuertes que los hombres por eso dicen que Dios dejo a nosotras el embarazo, dar a luz y cuidar a los hijos por que somos mas resistentes. Creo que la reaccion de tu esposo en la misma de la mayoria de hombres, ya que ellos como que viven con una barrera en la mente que no quieren atravesarla para no encariñarse de los bebes en gestacion por si algo sale mal. Sin embargo, creo que el corazon no los deja y aun que no manifiesten el dolor externamente siempre lo sienten.
Besos y Abrazos Pauli.

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3 Re: Así es como me ha sucedido el 6/5/2009, 00:01

Gracias Sol!
Sí ha sido difícil, tanto como la historia de todas nosotras. Ahora que lo veo todo como recuerdos, se me hace al mismo poco tiempo y toda una vida a la vez.
Y sí también estoy de acuerdo contigo en que las mujeres somos más fuertes física y emocionalmente. Y finalmente todas logramos nuestros sueños tarde o temprano.
Besos,
Pauli Like a Star @ heaven


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4 Re: Así es como me ha sucedido el 7/5/2009, 18:01

paulita,
cada vez ke leo tu historia te juro ke se me hace un nudo en la garganta, tantas cosas ke pasamos amiga, ke como dices nos hace mas fuertes y luchadoras. gracias a dios y a la vida hoy vamos en el camino de realizar el sueño y no sabes ke gusto me da por ti, ese baby ke crece dentro de ti sera muy dichoso y afortunado como Ana Pau de tener una madre como tu
historias asi sirven para ke las demas sepan ke se puede lograr no hay ke dejar de soñar.
Un besito , con mucho mucho cariño
claudia

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